viernes, 6 de junio de 2008

Desminados: explosiones de vida

roberto.ospino@laopinion.com.co
San José de Cúcuta, 31 de mayo de 2008


El sembrar una semilla genera un nuevo ser. Caso contrario al enterrar minas antipersonal u otros artefactos explosivos, que quitan vida o acaban con la ilusión de niños, jóvenes, adultos y ancianos.

Esta acción demencial, argumentada como defensa, no tienen que ver con sexo, raza, color, tendencia e ideología.
La gran mayoría de quienes resultan afectados, en nada tiene que ver con el conflicto armado que soporta el país desde hace más de 40 años.Según el Observatorio de Minas Antipersonal de la Presidencia de la República, en Colombia, diariamente tres personas resultan afectadas por minas antipersonal y municiones sin estallar.Desde 1990 a 2008, se tiene un total de 6.724 víctimas, de las cuales 5.170 ha resultado heridas y 1.554 muertas. De este total 5.830 son hombres (87%); 498 niños (7%), 140 niñas (2%); 206 mujeres (3%); 39 mayor de 18 años, sin sexo conocido (1%) y 11 menor de 18 años, sin sexo conocido (0%).

En Norte de Santander, en 18 años de confrontación bélica, se tiene un registro de 458 afectados.

La estadísticas muestran a Teorama, Tibú, Hacarí y El Tarra como los municipios que aportan el mayor número de accidentes e incidentes.Con estas cifras y el solo hecho de pensar en bombas, minas o explosivos, generan en la población civil temor. Pero aún más si ha visto los daños que producen o han resultado lesionados, directa e indirectamente.

En nuestro país, ante el creciente número de afectados, han surgido organismos encargados de ofrecer programas de rehabilitación, al igual que tratamiento sobre los efectos sanitarios de las lesiones mentales y físicas.Quienes han sido víctimas de las minas, pueden quedar limitados, pierden la movilidad; la vista, quedan sordos de por vida y sufren trastornos sicológicos, sociales, etcétera.

En el caso de la población campesina, que es la que más sufre por este fenómeno. Pierden el acceso a las tierras cultivables; trayendo problemas de desnutrición y conllevan a su vez al desplazamiento forzado, contribuyendo a los mal llamados cordones de miseria que se forman en las grandes ciudades.
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